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viernes, 20 de mayo de 2016

Viaje Lingüístico a Dublín. 1 a 8 de mayo de 2016


¡Fantástico! No podemos decir más que ha sido fantástica la experiencia del Viaje Lingüístico realizado con los alumnos de 4º ESO a Dublín desde el 1 al 8 de mayo, acompañados por Guillermo Caballero, Juan Tovar y Manuel López. Creemos que el alumnado ha disfrutado y ha aprendido de su inmersión lingüística en La República de Irlanda (Eire), distribuidos en familias de acogida, lo que les ha obligado a demostrar su competencia comunicativa en el uso de la lengua inglesa.
Se puede decir que se lo han pasado muy bien, nos lo hemos pasado muy bien. El programa de actividades que la empresa española ESL, en coordinación con la irlandesa ISI, ha sido completo y ha tenido en cuenta la dimensión cultural que se ha querido dar siempre a esta actividad desde el departamento de inglés.
            El domingo, día de la llegada a Dublín, era día para conocer a las familias de acogida. Notamos que la ciudad y el país entero está celebrando este año el centenario de su independencia del Reino Unido. Estábamos en la ciudad natal de Jonathan Swift (Los viajes de Gulliver), Oscar Wilde (El retrato de Dorian Gray), John Bernard Shaw (Pigmalion), el poeta y dramaturgo William Butler Yeats, Sean O’Casey (El arado y las estrellas), James Joyce (Ulises), Samuel Beckett (Esperando a Godot).


            El lunes día 2 era día de fiesta. ESL contempló una visita a la costa, a la coqueta aldea costera de Howth. Desde la prehistoria hasta los tiempos modernos esta silvestre península ha visto algunos de los eventos cruciales y las batallas más sangrientas que forjaron la historia irlandesa. Un paseo por el muelle hasta el faro, por sus calles recoletas que conducen a la loma con unas vistas panorámicas impresionantes del puerto y la costa. La abadía en ruinas, hoy cementerio, merecía también una visita. Llegamos a Dublín sobre las cinco, a tiempo para dar una vuelta por el centro y tomar el autobús para las respectivas casas.

            Las jornadas de trabajo empezaron el martes. El lugar de encuentro era el Spire. Había que llegar a tiempo a la academia donde los chavales debían comenzar sus clases de la semana. Volveríamos a encontrarnos nuevamente en el Spire. El programa preveía un tour guiado por Dublín: paseo por la rivera del río, Temple Bar, restos del castillo, Trinity College, etc.










            El miércoles, después de la jornada matinal de clases, nos esperaba una visita al interesantísimo museo de Arqueología e Historia, que recoge piezas muy valiosas de los restos hallados en las excavaciones por la ciudad. En el museo se pueden contemplar exposiciones arqueológicas que trazan la evolución de la civilización irlandesa desde la llegada de los primeros habitantes en el Mesolítico hasta la Irlanda medieval. Pero quizá lo que llamó más la atención de todos nosotros fueron las tres momias que fueron halladas en los pantanos.  El museo, abierto en 1890, muestra objetos que datan desde el año 7000 a.C. ordenados a lo largo de siete galerías.






            La visita proyectada del jueves incluía una mini excursión en autobús en dirección al Jardín Botánico Nacional de Irlanda, inaugurado a finales del siglo XVIII. Contiene plantas de todas las partes del mundo, incluyendo más de 300 especies en peligro de extinción y algunas que ya se han extinguido en el mundo salvaje. El jardín posee una gran cantidad de invernaderos de hierro forjado, construidos entre 1843 y 1869, que protegen a las plantas más especiales de las inclemencias meteorológicas de la ciudad. Como lo mejor era perderse por sus innumerables senderos que conducen, entre otros sitios al jardín de rosas, la casa de las orquídeas, el jardín chino, el jardín de rocas o el huerto, o la reconstrucción de una choza vikinga, eso hicimos durante casi dos horas, que terminaron con una sesión de fotos del grupo. Vuelta al centro de la ciudad y cada mochuelo a su olivo.













            La visita del viernes encaminaba nuestros pasos al museo de Historia Natural. Pero para hacer tiempo nos detuvimos, dentro de la zona georgiana de la ciudad, en el Parque de Merrion Square, uno de los pulmones verdes de Dublín, en el que pudimos ver el monumento a Oscar Wilde, obra de Danny Osborne, cerca de la casa en la que pasó su infancia.




Los inicios del Museo de Historia Natural datan del año 1857. Posee más de 10.000 animales disecados, de ahí que la población dublinesa le llame el "zoológico muerto". Expone animales disecados y esqueletos de la fauna irlandesa y de animales de todo el mundo, organizados por continentes y países. Destacan los esqueletos de los alces gigantes de Irlanda ya extinguidos. De todas formas, creo que el lugar de exposición es demasiado pequeño para la gran cantidad de piezas que se muestran.







La tarde no se podía dilatar demasiado porque al día siguiente nos esperaba un viaje en autobús de dos horas dirección Belfast, Irlanda del Norte, Reino Unido, territorio de la Libra esterlina. Desgraciadamente las previsiones meteorológicas no fallaron y nuestra estancia en Belfast estuvo pasada por agua. Llegamos directamente al Museo del Titanic, ubicado exactamente donde estaba el famoso astillero Harland & Wolff donde se construyó, al lado del muelle. Aparte de que el edificio en sí es espectacular, todo lo que le rodea forma parte de esta historia. La visita estaba concertada para las 11:30.











            
La entrada ya te sitúa en un escenario en el que te figuras las dimensiones del barco. La primera sala cuenta un poco la situación de esplendor de Belfast a principios del siglo XX. En esos momentos era una de las ciudades más adelantadas en cuanto a ingeniería y construcción naval. Puedes ver la reconstrucción de una sala del astillero preparada para construir los dos barcos más grandes del mundo.
Se pasa después por la sala del Lanzamiento del Titanic, el 12 de abril del 1912; para continuar después por una sala que te muestra exactamente cómo era el opulento interior del barco: salas comunes, comedores, sala de máquinas y reproducciones exactas de los camarotes de primera, segunda y tercera clase.
En otra galería se vive el viaje inaugural a través de fotografías, y se llega a la siguiente sala, la del hundimiento del Barco de los Sueños el fatídico 14 de abril. Una de las salas más impactantes es “Visita y Explora el Naufragio”, que cuenta con la exposición Titanic Beneath (Bajo el Titanic)”, una sala interactiva donde el visitante tiene acceso especial al material de archivo del Dr Ballard, quien descubrió en 1985 los restos del trasatlántico a 4000 metros de profundidad.
En definitiva, un museo muy didáctico para mayores y niños, peculiar porque está situado justo en el lugar en el que se construyó el barco.
La lluvia nos esperaba a la salida y nos acompañó al centro, junto al Ayuntamiento de Belfast, uno de los edificios más destacables e importantes de la capital de Irlanda del Norte, construido en el siglo XIX en estilo eduardiano. Es la sede administrativa de la autoridad de la ciudad de Belfast. En su fachada destaca una enorme cúpula central verde de unos 53 metros de altura, flanqueada por otras dos cúpulas más pequeñas en las esquinas del edificio (en el mismo color verde). Se empezó a construir en 1898, cuando la reina Victoria asignó el estatus de ciudad a Belfast. Fue terminado en 1906.


 

Fue una auténtica pena que no pudiéramos ver mucho más. Un breve paseo bajo el paraguas por las calles peatonales y comerciales del centro, con el monumento al alma de Belfast y la visita a unas galerías comerciales cubiertas en las que se accede a un mirador que permite tener una panorámica somera de la ciudad. Y poco más. Había que comer de forma rápida porque el autobús nos esperaba a las cuatro para el regreso a Dublín.







No negaremos que los días iban pesando y se manifestaban en un ligero cansancio que indicaba que la vuelta a casa estaba cerca. Había que hacer la maleta y tratar de hacer sitio en ella para los regalos de la familia.
El domingo se trataba de dar el último paseo por las calles del centro, siempre animadas, aunque levantadas por las obras de ampliación del recorrido del tranvía. Nos despedimos de la aguja (Spire) de 120 metros, visible desde casi cualquier parte del corazón de la ciudad, monumento de aluminio empezado a construir en 2002 y conocido como el Monumento de la Luz, colocado en la mitad de la calle O’Connell justo en el lugar en el que se levantaba la columna del almirante Nelson, destruida por una bomba del IRA en 1966.
Había que estar en el aeropuerto sobre las cinco y media. Todavía quedaba un largo viaje a Faro y de allí a Castilleja, donde esperaban las familias con ilusión y no poco sueño.
Nuestras mochilas vienen cargadas de experiencias y de buenos momentos. Hemos disfrutado de la vida de una ciudad europea cosmopolita que está muy viva. Sabemos que los estudiantes han aprovechado la semana practicando la lengua inglesa y no cabe duda de que volverían a repetir estas sensaciones.   
           
             Lorenzo, el padre de Pablo Moreno, ha tenido la amabilidad de hacer un montaje profesional con las fotos del viaje. No os lo perdáis. Si queréis guardarlo como recuerdo, solo tenéis que pinchar aquí.